La religión de la economía: responsable del colapso del mundo

  La economía se introyecta, se incrusta en lo más profundo de las mentes de aquellos que hemos asistido a la escuela, que hemos pasado algunas horas frente a la TV o junto al radio o que vivimos rodeados de publicidad hasta en el retrete o que utilizamos tecnologías, como celular, computadora, automóvil, tarjetas de crédito, cuentas de cheque o que consumimos productos o servicios industrializados. Nos han lavado el cerebro desde la remota infancia, desde que Nestlé sustituyera a las madres y los pediatras y pedagogos intervinieran en la lactancia para imponernos la fría garra de la tecnología mercantilista. Nuestras mentes han quedado marcadas, impregnadas de imágenes económicas que nos alientan, inducen, conminan a consumir productos industriales, por la labor nefasta de la escolarización, la profesionalización, la promoción, el mercadeo, la publicidad, la alteración de nuestro entorno, por el transporte y finalmente por la financiarización. Tenemos las rejas de la economía en nuestras cabezas, en nuestras mentes, no podemos pensar de otra manera. Utilizamos ideas, frases y léxico cargados de significado económico; tenemos la mente colonizada por la idea de la escasez, la productividad, la competitividad. Las personas funcionan como vendedores y compradores, como mercancías que se pueden comprar y vender. La economía desata y alimenta la violencia, la guerra y la infamia, por ello se dispara en el mundo la violencia intrafamiliar, escolar, laboral, comunitaria; la economía mata las economías de los hogares, las comunidades, los indígenas y los campesinos. La tecnología invade todos los aspectos de nuestra vida, monopoliza todas nuestras necesidades, nos vuelve dependientes de ella y anula la posibilidad de tener una vida digna, autónoma, saludable. La economía se vuelve El Sistema al unificar las tecnologías: estamos obligados a comprar nuestros alimentos en Wal Mart, Soriana, Comer, o OXXOS; a utilizar autos, transportes públicos, celulares, Ipods, Ipads; a consumir la escolarización y los estudios superiores que nos impone el City Bank, Soros, Slim, y la OCDE; a consumir la salud que nos imponen las farmacéuticas y la medicina internacionales; estamos obligados a resolver los asuntos ambientales de acuerdo a los conceptos impuestos por Wall Street, la City y los grandes consejos empresariales, conceptos tales como: el desarrollo sustentable, los servicios ambientales, la tecnología verde, los mercados de carbono, la economía verde, el crecimiento verde; se hace ambientalismo con el dinero de la fundaciones de los grandes depredadores de la Madre Tierra. La economía nos devalúa continuamente: somos muy desechables. Quedan cada día menos dones de la Naturaleza disponibles, por lo que sólo alcanzan para una pequeña minoría que no quiere reducir su despilfarro. A los ojos de los poderosos sobra el 80% de la población humana y urge encontrar una manera de que desaparezcan los supernumerarios. Por ello, los bancos deben ser rescatados al costo de millones de vidas humanas y la muerte de los ecosistemas. El Sistema que unifica y controla a gobiernos, bancos, organizaciones mundiales, escuelas, universidades, clínicas, hospitales, vialidades, transportes, agricultores, pescadores, industrias, servicios, uniformiza al mundo y las mentes. Demasiadas personas en el mundo piensan igual, sienten igual, consumen igual, trabajan igual. Desaparece la diversidad, las culturas y las personas se vuelven masa informe incapaz de entender lo que les pasa. El dinero unifica a todos; por las buenas o por las malas todos deben trabajar por el crecimiento económico, todos deben competir con brutalidad por su alimento y sus reservas económicas. Los políticos se vuelven aprendices de economía, para entender los dictados de los economistas que controlan a los gobiernos. La religión de la economía y el culto a la ciencia y la tecnología dominan al mundo sin que lo sepan, lo entiendan, lo reconozcan o lo quieran aceptar aquellos que profesan esta religión y este culto; se les nota por la reverencia con la que tratan a la dizque disciplina científica llamada economía, a sus sumos sacerdotes (los economistas) y sus iglesias(los bancos); por la pasión con la que se entregan a los Ipods, los softwares, las aplicaciones electrónicas, las plataformas en la web, los autos, los deportes extremos.


MIguel Valencia

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