viernes, 18 de mayo de 2018

Abandonar el desarrollo, construir el postdesarrollo.

En nombre del desarrollo, los bancos financian la extracción de combustibles fósiles y minerales, centrales nucleares, termoeléctricas, aeropuertos, supercarreteras, trenes de alta velocidad, presas, trasvases de agua, incineradores de basura, vías rápidas elevadas (segundo, tercer o cuarto piso), puentes, túneles, desarrollos turísticos, zonas o áreas de desarrollo especial, plantaciones de árboles,  inteligencia artificial, robótica, biotecnologías, nanotecnologías, geoingeniería, entre otros megaproyectos que prometen crear muchos empleos, aumentar el bienestar, elevar el crecimiento económico y  reducir las contaminaciones.
Creyendo en sus promesas, una buena parte de los ciudadanos de las sociedades modernizadas apoyan estos megaproyectos. Sin embargo, estos proyectos desarrollistas devastan rápidamente el clima, los mares, los ríos, los bosques, las selvas, las especies animales y vegetales, los suelos, los acuíferos, los lenguajes, las comunidades indígenas y campesinas, los pueblos, los barrios, las ciudades, la seguridad personal, la salud, la ética de los científicos, la probidad de los funcionarios, el empleo, la economía popular, la cultura, la justicia, la legislación, los gobiernos, las relaciones internacionales, la Paz: ponen a la humanidad en peligro de extinción.  Los megaproyectos son armas de destrucción masiva.
La necesidad de conservar altas tasas de interés bancarias sostiene la proliferación de megaproyectos inútiles. En nombre del desarrollo, los políticos y los grandes empresarios- poco se distinguen hoy en día- hacen jugosos negocios con muy diversos megaproyectos: exigen infraestructuras, “motores del desarrollo”, “seguridad a las inversiones”; hacen propaganda y relaciones públicas: inventan el “desarrollo social” , el “desarrollo humano”, el “desarrollo personal”, el “desarrollo organizacional”, el “desarrollo urbano”, el “ecodesarrollo”, el “desarrollo científico y tecnológico”, entre muchos desarrollos que según ellos “nos ayudan a vivir mejor” y que promueven las olimpiadas del crecimiento económico perpetuo, esa guerra multidimensional contra los “improductivos” -la mayor parte de la población humana-, contra la Sociedad, el Clima y la Ecología.
Las Naciones Unidas, al servicio de las empresas transnacionales, impulsa la idea del desarrollo (Los Objetivos de Desarrollo del Milenio), con base en los irrepetibles logros de los “30 años gloriosos” (1945-1975) de la guerra fría, edad de oro del desarrollismo. Tan importante es el concepto de desarrollo para el gobierno de EU que presiona a las Naciones Unidas (Ignacy Sachs), para que la idea de sustentabilidad se encuentre siempre ligada al desarrollo, por medio del concepto “desarrollo sustentable”, una guerra pacífica, una oscura claridad: estafa que sostiene a los ministerios del medio ambiente y de la preservación de los recursos naturales.
En las sociedades escolarizadas, industrializadas, urbanizadas, prevalecen las ideas, las promesas, las ilusiones, asociadas al concepto del Desarrollo. La educación que se imparte en sus escuelas, su formación universitaria, sus mensajes publicitarios, su modo de vida “desarrollado”, sus infraestructuras, sus legislaciones, han logrado destruir las defensas mentales de muchas generaciones, han conseguido imponer a la sociedad las muy contaminantes “necesidades básicas” que definen al desarrollo: vivir como en EU y la UE, ser adicto a estos modos de vida.   Después del famoso discurso del presidente Truman, el 20 de enero de 1949, el gobierno de EU, con el apoyo de los países colonialistas y la banca internacional, consigue imponerle al mundo, a lo largo de más de seis décadas, el concepto, la doctrina del desarrollo, con el fin de dominar las aspiraciones, los sueños, el imaginario social de los países y las zonas “más pobres” del mundo, a partir de esa fecha definidos como “subdesarrollados”. Para ello, se fundan los bancos de desarrollo. Se quiere lograr que la mayor parte de los pobres tengan las mismas aspiraciones que los ricos.
Desde entonces, la diversidad cultural -indígenas, campesinos, artesanos, queda definida como atraso, resistencia al cambio y al progreso, obstáculo al crecimiento económico, objetivo de las acciones misioneras por el desarrollo, de los políticos, los banqueros, los empresarios y los académicos desarrollistas. El desarrollo de un país queda definido así, por la calidad y cantidad de sus bombas nucleares, naves espaciales, satélites, cohetes, misiles, aviones, tanques, telecomunicaciones y otras armas; por la cantidad y calidad de sus infraestructuras: plantas de generación de electricidad, aeropuertos, supercarreteras, hospitales, universidades; por el uso que hacen sus ciudadanos del avión, el auto, la computadora; por el consumo por persona de agua, electricidad y petróleo; por la producción que tiene de nuevas tecnologías o por su parecido al modo de vida de EU. Las sociedades quedan condenadas al crecimiento perpetuo.
Desde las primeras “décadas del desarrollo” esta modernización demuestra con hechos que el desarrollo produce lo contrario de lo que promete: la pobreza se moderniza en la forma de miseria, la riqueza se concentra a lo largo de los años, las migraciones aumentan, los mares, los ríos, los lagos, se vuelven cloacas, la basura invade los suelos, el aire de las ciudades se vuelve irrespirable, el clima se desquicia. El desarrollo produce una explosión de desigualdades, un ser humano banal, intercambiable, sin arraigo, unas masas embrutecidas, guerra de todos contra todos, consumismo extremo, toxicomanía (drogas, alcohol, juego de azar), obesidad, depresiones, suicidio, conductas de riesgo, angustias, esquizofrenias, psicosis, violencia intrafamiliar, escolar, laboral, servidumbre voluntaria, judicialización de la política, inseguridad generalizada, entre otros muchos males. El desarrollo es un concepto tóxico que hace infelices a pobres y ricos. El descrecimiento propone rutas para abandonar el desarrollo y construir el postdesarrollo.   
Miguel Valencia Mulkay

En el marco de las actividades preparatorias de la 2018 North South Conference on Degrowth-Descrecimiento, Mexico City  http://degrowth.descrecimiento.org/
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